"Fernanda Laguna es nuestra Mallarmé". Entrevista a María Salgado sobre LÍRICA. (Marta García Miranda para "Público")
"Fernanda Laguna es nuestra Mallarmé". Entrevista a María Salgado sobre LÍRICA. (Marta García Miranda para "Público")
Entrevista a María Salgado"Bad Bunny tiene versos memorables y juega con el lenguaje, me parece un genio"
La poeta y creadora escénica publica Lírica, una investigación provocadora sobre la lengua en la que San Juan de la Cruz y Lorca conviven con Eddi Circa o Rosalía.
Marta García Miranda
Madrid-
En la primera página, una frase en color rosa, sin puntos ni comas, que se convertirá en un hilo que coserá todo el libro y que dice: “A la poesía la llama lengua a la lengua la llama continuidad a la discontinuidad llama ritmo al ritmo lo llama lengua a la lengua poesía a la poesía la llama ritmo al ritmo lo llama continuidad…”. Y esos versos, en los que tal vez suene una música convertida en la presencia de una ausencia, abrirán un libro de ensayos que se desharán en poemas que se desharán en canciones llamado Lírica (La Uña Rota), una investigación sobre la lengua, la voz y el sentimiento en la que su autora, María Salgado, irá conduciendo al lector a lugares imprevistos en los que convivirán San Juan de la Cruz, García Lorca y Walt Whitman con Eddi Circa, Pedro Lemebel, Camarón, Rosalía y Enrique Morente, las Vainica Doble, Luz Pichel, Lupe Gómez o Fernanda Laguna. Un libro bastardo, provocador y performativo que acogerá poemas propios y ajenos, cartas, notas, canciones, textos y versiones gráficas de piezas escénicas, una versión artesanal de su obra en el panfleto al día siguiente frente a los portones o un facsímil del fanzine argentino de culto Ceci y Fer.
Poeta, investigadora, creadora escénica y profesora de Historia del Arte en la Facultad de Bellas Artes de Cuenca, María Salgado es autora de los poemarios Rekord, Salitre, Sale o Hacía un ruido. Frases para un film político; del ensayo El momento analírico, sobre las poéticas radicales y de vanguardia de los años 60 y 70, y de performances como la trilogía Jinete Último Reino, junto a Fran MM Cabeza de Vaca.
“Si el rojo es el color político del siglo XX, el rosa es el color de la política del presente”, dice María Salgado sobre el color que une y tiñe muchas de las páginas de este libro que trae al presente eso que llamamos tradición: “Sí, claro, es un libro sobre la tradición, ¿por qué no? Pero también es un libro provocador porque está San Juan pero yo añado a Fernanda Laguna y a Ioshua, un poeta underground de serie Z. Ambos suponen grandes rupturas y eso, desde cierta tradición crítica, creo que es rompedor. A mí me gusta mucho pensar por provocación y este es un libro muy sincero con cómo yo leo, en el que hago una investigación en torno a la lírica no tanto desde un punto de vista académico, como sí hice en El momento analírico, sino a partir de la práctica artística”.
La voz cuando ya no está el cuerpo que la dijo. Un número de palabras reconocibles van transitando usos de época. Por ejemplo, el agua. Por ejemplo, la noche. Salgado no propone una sola definición de la lírica, sino que juega a nombrarla de múltiples formas, reivindicando una lengua que se escribe, se reescribe, se escucha, se pierde, se gasta, se comparte y es de todas. También desmiente Salgado (algo que agradecemos muchísimo), aquel verso de la canción de Golpes Bajos que se ha usado y sobado hasta el hastío: “La lírica es portátil, es común, es comunitaria, es popular y es barata. Son malos tiempos para el cine o para las grandes producciones escénicas en Madrid, pero no para la lírica”.
Poeta y creadora escénica, María Salgado, que publica 'Lírica'.
Foto: Jaime Morato
Abre Lírica con una pregunta que atravesará después todo el libro: ¿qué es lo que persiste y qué es lo que no queda? Y yo añado: ¿Por qué persiste lo que persiste y cómo lo logra?
Una hipótesis es que la lírica son los restos escritos o la evocación de una voz sucedida antes de que tú lo leas, los restos escritos de un momento en el que se recitó con una lira, había música y había presencia, pero en ese resto escrito, en esa inscripción, empieza a haber otro efecto sonoro distinto, más evocador, y ahí nace la lírica. En la lírica siempre hay una ausencia y una presencia, por eso tiende a la nostalgia, porque cuando tú estás escribiendo no está la persona que lo va a leer y cuando está la persona leyendo no está quien lo escribió. Siempre hay una ausencia de una presencia, y eso también podría ser el amor, de ahí que sea el gran tema de la lírica. Las jarchas llevan en este mundo mil años y las hemos guardado, hemos dicho tú te quedas con nosotros y siguen resonando. Ese es el poder lírico y el poder de la poesía. ¿Qué es lo que persiste? Un versito que lo puede todo, como “aunque es de noche”, de San Juan de la Cruz, que atraviesa el tiempo y nos llega. ¿Qué es lo que no queda? No queda la performance, no queda ese momento de vibración corporal o incluso musical que se deshace. Creo que esa es la potencia lírica, la potencia de evocación y de memoria y de transmisión en el tiempo. Y su impotencia es que no es el momento presente, esa es su pérdida, pero si no hubiera pérdida no habría resto.
Foto: Jaime Morato
En 2016, Pedro G. Romero le encarga la letra de unos fandangos para un disco de la cantaora Rocío Márquez y explica en este libro la enorme dificultad de aquel trabajo porque lo que escribe, aunque no quiera, le suena a Lorca. ¿Cómo convive hoy un poeta con esa herencia que persiste a lo largo del tiempo y cómo la desobedece?
Lorca es la puerta de entrada, pero también es la losa, la condena y está santificado. Eso es un aburrimiento en la poesía y en el arte y, en general, todos los santos no hacen más que cargarte. También cuesta hacer una lectura de Lorca que le reavive, es alguien que dura porque todo lo que dice y cómo lo dice nos conecta entre nosotros y con la época, pero creo que una poeta que se precie tiene que dialogar con eso para desobedecer, para heredar bien, para reactivarlo. Yo creo que hay mucho de Lorca en mí, pero también he intentado no sonar a Lorca, porque el sonido Lorca, sus metáforas de Poeta Nueva York, hoy se siguen haciendo y ya están gastadas, tienes que estar muy vigilante para que no te salgan. Hay que seguir haciéndolo pasar, pero no santificarle porque se considera que todos estos santos lo pueden todo, pero no, pudieron hasta donde pudieron y pudieron mucho, pero Lorca no es todo.
El contexto social y la posición de la poesía ahora es distinta, ya no se puede ser un poeta popular a lo Lorca, no existe ese lugar socialmente
¿Qué significa hoy ser un poeta popular? ¿Se puede ser hoy un poeta tan popular como Lorca?
El contexto social y la posición de la poesía ahora es distinta, ya no se puede ser un poeta popular a lo Lorca, no existe ese lugar socialmente. Además, el término popular es complejo de definir hoy. Yo siempre digo que la poesía de Lorca contiene nuestra lengua, no al revés. Que la gente sienta cercanía contigo a través de tu escritura, que sienta que tiene posibilidad de acceder a tu tesoro, que se sienta habilitada, eso es muy bonito de Lorca. Poeta en Nueva York es un libro superdifícil de interpretar y en la poesía hay siempre ese miedo a no entender, pero nadie tiene ningún problema en leerlo porque han perdido el miedo a Lorca, eso es ser un poeta popular, que no le dé miedo a nadie, que todo el mundo lo considere suyo. La poesía no tiene que ver con entender, pensar que leer poesía es entenderla es uno de los problemas de la época porque se trata de conectarte y creer que ese sonido te está transmitiendo algo. A mí me aburre y me cansa y me limita mucho que la poesía esté tan dividida entre experimento y no experimento, como si toda la poesía no fuera experimental, o entre vanguardia y no vanguardia, cuando eso es histórico. Pienso en una poeta como Fernanda Laguna, que en principio es cursi, es naif, es clara y es antiformalista y yo digo no, no, es la Mallarmé de hoy en el sentido de que está rompiendo la lengua, pero si seguís pensando en los estilos de los 70, que yo amo y he estudiado, nunca vais a ver lo que viene, lo no previsto. Y eso, lo no previsto, sigue sucediendo pero no a la manera de los años 70.
¿Dónde está lo no previsto ahora? ¿Dónde lo ve?
En (las poetas) Fernanda Laguna, Luz Pichel, Lupe Gómez y Cecilia Vicuña, que no estaban previstas y han sido leídas con la importancia que merecen en términos de cambio o de ruptura 20 años después. En su momento fueron muy discutidas, censuradas y humilladas, como todas las artistas, y ahora hay un marco para leerlas, sí, pero no previsto.
Es muy significativo que en esa lista no incluya un solo hombre.
Claro, es aposta. En este libro hay pensamiento por intuición y por provocación, y estoy eligiendo muy adrede a Walt Whitman, Federico García Lorca, Jack Spicer y Ioshua (Josué Marcos Belmonte, poeta punk, dibujante y activista LGBT argentino) en el siglo XX y, en el siglo XXI, a Cecilia Vicuña, Luz Pichel, Lupe Gómez y Fernanda Laguna. Ahí estoy afirmando que ahora es el momento de muchas escrituras que no han tenido su momento. ¿Dónde está hoy el pensamiento fuerte y la viveza del arte? Creo que esa corriente de cambio y de viveza está ahora mismo del lado de posiciones femeninas o de lo no hombre. Pero no me interesa tanto hablar de cuerpos, sino de lo que construyes en el poema. Yo leo a un montón de poetas hombres, no soy una absolutista en eso.
Incide, a lo largo de Lírica, en la impropiedad de la lengua y en ese trabajo de captura y condensación que hace el poeta, tan dueño de la lengua como cualquiera
La lengua no es de nadie, nos antecede, nos moriremos y seguirá sin nosotras, pero claro, vive fenómenos de expropiación, de jerarquización o de capitalización y hay un reparto letrado que hace que algunos parezcan más dueños de la lengua que otras. Mi pregunta es: ¿dónde colocas a la poeta? ¿Del lado alto del reparto letrado del lenguaje, de los que la atesoran, la cuidan y la defienden, o del lado de cualquiera? Yo pongo a ahí a la poeta, como una cualquiera más, una cualquiera que está en medio de las corrientes de la lengua y las condensa y las guarda en el sentido de que hace un verso que dura. Para mí esa es su función, estar en el medio de la lengua y decir: nos quedamos con esta frase. Y luego las otras lectoras, las otras cualquiera, dicen: nos la quedamos y nos vamos a acordar de ella. Es la conciencia de una utopía en la que cualquiera podría leer y hacer poesía. La poesía que me interesa de los siglos XX y XXI tiene que ver con dialectos y jergas, con usos antinormativos y giros plebeyos, con una lengua en movimiento y en uso, esa es la poesía que más me gusta, la que está en lo vivo, no la que está guardando la lengua alta, aunque haya poesía de la lengua alta que me interesa muchísimo y me gusta, pero me pongo de ese lado. La poeta popular auténtica es aquella cuya firma se pierde y ya nadie sabe si la frase es de Lorca, de Camarón, de San Juan, de Rosalía o de Enrique Morente. Ahí es cuando el poema vuelve a la lengua, a la circulación, eso es lo que define lo popular.
Le sorprende que en la historia de la lírica no estén incluidos los versos de las músicas populares anteriores a la Primera Guerra Mundial, pero tampoco los de la música pop. ¿A qué cree que responde esa no presencia, esa no inclusión?
El libro maravilloso de Margit Frenk, Lírica española de tipo popular, recopila todo, pero como la poesía cambia tanto con la modernidad, y no digamos ya en el siglo XX, se excluye lo que tiene que ver con la música popular anterior a la Guerra Mundial y el pop, como si eso entrara ya en otro campo que no es el de la poesía. Hoy por hoy, la lírica más viva en términos de vocación, transmisión, relación, memorabilidad o sociabilidad está en la música pop, eso es evidente. Sin embargo, a la música pop, al rap o al hip hop no le hace ninguna falta entrar en la cultura de la poesía porque ya están muy vivos, es más bien la poesía la que necesita reconectar con esos territorios.
En Lírica incluye versos de Mala Rodríguez, Eminem o Dellafuente… Más allá de esas referencias, ¿hay algún artista pop y mainstream al que considere un poeta?
Bad Bunny. Creo que tiene versos muy memorables y juega con el lenguaje, con una lengua en uso, como cuando dice “las termino con la L, con la R suenan mal”, por ejemplo. Tiene un pensamiento increíble sobre la forma con la que está haciendo, sabe que está escribiendo con acento y con jerga, no normativa, y no solamente hace un juego de palabras con ello, que es muy virtuoso, sino que lo afirma. Tiene ironía, habla de amor, es atrevido… ¿Potencia de vocación y de memorabilidad? Muchísima. Lo que dice, se pega. A mí me parece un genio.
Pero también sostiene que es muy complicado diferenciar entre posibles poetas pop y todas esas marcas personales que se construyen en las redes sociales.
A Fernanda Laguna la lee todo el mundo, es sencilla, es clara y, sin embargo, no consigue ser mainstream. Tiene algo movido, raro, extraño, roto, sucio. Siempre hay un desencaje que hace que no consiga dar ese paso. Hay algo que no está redondeado como sí lo está en Rosalía, por ejemplo. A mí me encanta y soy fan de Rosalía, pero hay un punto de autenticidad que no tiene. Yo no le pido eso al pop porque es una fantasía, hay que entrar en el juego de la construcción de un personaje y Beyoncé, Rihanna o Rosalía no son auténticas, pero es que yo no quiero que lo sean, son un sueño, un sueño del capital, pero vivimos ahí y también nos da gusto soñar.
En estos tiempos apenas hay figuras pop contraculturales, pero cree que si hay alguien que esté ocupando ahora ese lugar es Eddi Circa.
Eddi Circa me parece una letrista excepcional, es una poeta natural, tiene 200 canciones ya, tan joven, y versos ultra memorables. Viene de una escena queer política, ha militado, y creo que cada vez está llegando a más públicos sin renunciar a sus decisiones políticas y culturales no comerciales. Hoy por hoy, Eddi Circa rehabilita la palabra contracultural y que lo esté logrando me parece emocionante. También Rodrigo Cuevas, que no renuncia a ciertos gestos, actitudes, que se sigue autoeditando, vive en su pueblo y tiene una asociación… Ese tipo de decisiones sobre tu carrera y tu imagen son contraculturales. No edulcoran los mensajes que transmiten, no los redondean para que se suavicen y eso es algo que se ve en el cuerpo, ni siquiera tiene que ver tanto con sus temas, hay algo en ellos que sigue siendo resistente, hay una conexión con un mundo que sueña otro mundo. Eso sería la contracultura, un mundo que imagina otro mundo de relaciones y otro mundo de las artes, pero eso ahora mismo es muy chiquito, no es como la contracultura del pasado.
Foto: Jaime Morato
Esa idea de mundo que sueña otro mundo está presente también en el capítulo que dedica a Belleza y Felicidad, proyecto artístico de Cecilia Pavón y Fernanda Laguna, y tiene que ver con no construir un relato lineal y, además, no resolverlo, no dotarlo de sentido. Es una renuncia que hace suya y que coloca en primer plano el deseo, lo que no deja de ser político.
Creo que el placer que ofrece la poesía y su tesoro es el de no cerrar, no afirmar, no tener que argumentar en causa-consecuencia y dejar un poco abierto el misterio, la sorpresa. Ese placer estético se pierde en un momento de transparencia, de comunicabilidad o de velocidad y la libertad de recuperarlo y disfrutarlo es la que ofrecen la poesía y el arte. Belleza y Felicidad nace en un momento de crisis brutal, es una salida democrática a una crisis económica en la que plantean ¿y si el arte no depende de la calidad o de la grandeza sino del placer, del deseo y del no cerrar? Eso me parece una apuesta política salvaje y supernecesaria hoy. Y no hacen falta mensajes que sean más o menos militantes, sino aquellos como los de Vainica Doble, déjame vivir en libertad, déjame respirar, déjame inventarme una vida. Mantener la imaginación en un momento de crisis como aquel, con esa realidad que, dice Fernanda Laguna, se vuelve trans en el poema, con una imaginación que te libera, es contracultura. ¿Por qué eso no se convierte en mainstream si es una poesía de sentimientos tan clara y tan sencilla como la de los youtubers?




